Seven de Navidad

Será por la cercanía de las fiestas, porque me estoy volviendo viejo, o por todo a la vez. El caso es que me ha vuelto a la memoria esta historieta, y quiero escribirla para los lectores (yo y yo mismo)

Una mañana de las vacaciones de Navidad de un año cualquiera de los de principios de los 90, relativamente temprano para los parámetros que manejaba un (por aquellos entonces) estudiante de los últimos años de carrera, me llamaron por teléfono.

No se si fue Alberto, mi entrenador en Cajasur Veterinaria, donde jugaba en esos años, o el amigo David, que fue el que me enseño que, además de los bajos fondos del rugby universitario, existían los del rugby no universitario.

.- ¿Te apuntas a un Seven que hay ahora en el campo de Veterinaria?

.- No lo dudes.

Allí que me planté, con mi equipación, zapatillas de deporte (Campo de tierra compacto: mejor no llevar las botas de tacos), falta de sueño y cierta resaca.

Era un torneo que habían montado (un poco medio espontáneamente) las gentes del rugby cordobés. Allí nos repartimos en equipos de siete. Las reglas: Las del rugby, tiempos más cortos (15 minutos tal vez) y además una "ad hoc", a saber, nada de patadas al balón. Juego a la mano y juego de delantera.

No recuerdo si había algún trofeo. Si lo había, no recuerdo quien lo ganó. Hubo un premio que creo que ganamos todos. Era en esa época donde eran amateur desde el más novato de los jugadores de la liga universitaria hasta el capitán de la selección de Nueva Zelanda, y lo que siempre se jugaba en cada partido era el premio de disfrutar entre nuestros compañeros y nuestros rivales del juego y de unas cervezas en el tercer tiempo.

Tengo flashes: Percutir y pasar atrás a un centro que se cruzaba con bastante buena táctica, el relativo frío y el sol de invierno calentándonos en el banquillo, y esa sensación genial que se siente al jugar y que no describo porque no se puede.

Recuerdo sobre todo a esos compañeros, con algunos de los cuales he coincidido incluso aquí en Madrid.

Y por supuesto, al perrito Tapia. Un perrillo de lanas de algún jugador (No recuerdo exactamente de quien, ¿tal vez de Kepa?). El animalito seguía los partidos con mucha atención y formalidad. Si le llamabas ("eh, Tapia")... pasaba de ti. Pero si te ponías en su visual y le llamabas, era todo simpatía: Venía hacia ti con unas ganas locas de juguetear. Y entonces comprendías por qué se llamaba Tapia.

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